El bum del «boom»

Álex Grijelmo (El País, España)

Las onomatopeyas son palabras creadas de oído. Quizás los idiomas nacieron de ellas, gracias a los sonidos que evocaban el viento, los truenos o los animales.

Usamos dos tipos de onomatopeyas (del griego onomatopoiía): las que se forman con un significado concreto a partir de una percepción sonora relacionada con él (por ejemplo, murmullotintineotiritar…) y las que intentan reproducirlo: («el puente hizo catacrac», «ya oigo el tictac», «ay, qué vaca tan salada, tolón tolón»).

El español dispone de onomatopeyas hermosísimas. En el mundo de los sonidos suaves decimos susurrocuchichearbisbiseo…; y en el de los ruidos, estruendorugirtraqueteocarracaroncarrasgarbomba… Las letras de nuestro alfabeto se acercan a esos sonidos de forma lo suficientemente aproximada como para que entendamos de qué vibración sonora se trata, aunque no puedan reproducirlos con exactitud.

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