Curiosa evolución

13/7/2018 | María José Rincón (Diario Libre, República Dominicana)

Las palabras más coloquiales, aquellas que los buenos hablantes reservan para la conversación informal, suelen hacernos dudar a la hora de escribirlas. Esas mismas dudas ortográficas nos dificultan a veces su localización en el diccionario.

Sirvámonos de un sabroso ejemplo sobre el que me consultaron en estos días. Un lector se preguntaba por qué la palabra ruyío no aparecía en los diccionarios académicos.

En primer lugar, si vamos a buscar un participio o un adjetivo terminado en -ado o -ido, debemos tener en cuenta que en el diccionario no los vamos a encontrar sin la -d- intervocálica. Que nos comamos esta -d- cuando hablamos no quiere decir que nos la podamos comer también cuando escribimos. Es verdad que, acostrumbrados como estamos a ver este adjetivo sin ella, parece que no lo reconocemos si se la restituimos en la escritura: ruyido.

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