De «malandrín» a «red flag»: el viaje de las palabras con las que juzgamos a los demás

2/4/2026 | Alejandro de Santiago (El Debate)

Si quienes vivían en siglos pasados regresaran hoy para hablar con los jóvenes, la escena recordaría a la Torre de Babel. No por hablar lenguas distintas, sino por usar las mismas palabras con significados diferentes. El paso del tiempo no solo borra términos: también transforma su sentido.

Cada generación crea sus propios códigos. Es una forma de marcar distancia con sus mayores y, al mismo tiempo, reforzar el sentimiento de pertenencia. En ese proceso, algunas palabras cambian de valor, se invierten o adquieren matices nuevos.

El lenguaje, como cualquier código compartido, no permanece inmóvil. Se adapta a los contextos, se desplaza con el uso y refleja los cambios sociales de cada momento. En ese tránsito, algunas palabras envejecen, otras se resignifican y muchas terminan sustituidas por nuevas formas de nombrar lo mismo. Lo que cambia no es solo el término, sino la mirada con la que se observa y se juzga.

De «malandrín» a «red flag»

El término malandrín hunde sus raíces en el castellano antiguo y en el uso popular de la literatura clásica. Se empleaba para designar a una persona de mala vida o de conducta poco honorable. Aparece ya en textos del Siglo de Oro. Con el paso del tiempo, ha quedado relegado al uso literario o irónico.

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