2/4/2026 | María José Rincón (Diario Libre, República Dominicana)
Las tradiciones culturales son ricas en palabras, porque en ellas se funda el traspaso de conocimiento a través del tiempo. La celebración de la Semana Santa es una de nuestras tradiciones más arraigadas, aunque con el tiempo esas raíces hayan perdido fuerza.
Éxodo, para los que pueden, a la playa y buscar cómo botar el golpe para los que se quedan en casa.
Aunque nuestra Semana Santa nada tenga que ver con las procesiones multitudinarias de otras latitudes, hay algunas expresiones que siguen vivas en nuestro entorno que guardan cierto poso semanasantero –permítanme el invento–.
No es mi intención meter el dedo en la llaga. Las creencias y sentimientos religiosos deben ser respetados, como también su ausencia. Aunque las expresiones que vamos a repasar tienen su principio en tradiciones y creencias cristianas, han pasado a la lengua cotidiana para referirse a circunstancias bien alejadas de ese origen.
Por ejemplo, esa frase con la que comenzamos este párrafo. Cuando metemos el dedo en la llaga nos acercamos a terrenos delicados susceptibles de provocar dolor o enfado. Cuenta el Evangelio de san Juan que Tomás quiso tocar las llagas de Jesús resucitado para comprobar que se trataba realmente de él.
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