Hazme una seña

6/3/2026 | María José Rincón (Diario Libre, República Dominicana)

Siempre es un placer recibir nuevos libros. Si son de la autoría de Emilio Rodríguez Demorizi y llegan con el marchamo de la Fundación que lleva su nombre gracias a la generosidad de Bernardo Vega, el placer se sustenta en el rigor. Si alguno de ellos viene precedido por un prólogo de José Rafael Lantigua, escrito poco antes de su fallecimiento, nos parece además escuchar al amigo entre las páginas. Si el libro nos habla de la relación profunda y chispeante de Rubén Darío y sus amigos dominicanos (así se titula el libro), no vemos el momento de empezar a disfrutarlo.

Recuerda el prólogo de Lantigua que Moreno Jimenes escribió alguna vez que Rubén Darío era un sol. Nos dice el Diccionario de la lengua española que un sol es ´cualquier estrella luminosa que es centro de un sistema planetario´. Acertó Moreno Jimenes: Darío se convirtió en el centro del sistema planetario de la poesía que se escribía en español desde que empezó a publicar sus primeros poemas. Su luz intensa empezó a irradiar tan pronto que, cuando solo tenía diecisiete años, sus poemas se leían ya en la República Dominicana. El poeta José Joaquín Pérez, con su sensibilidad crítica, reconoció de inmediato el calor que emitían los versos rubenianos: «No conocíamos el nombre de este nuevo poeta nicaragüense, pero si antes de ahora lo hubiésemos conocido, de seguro que lo habríamos proclamado uno de los primeros de nuestra hermosa tierra americana». Solo un pipiolito –pido excusas por la familiaridad con el inmenso Rubén– de diecisiete años.

Más en diariolibre.com

 

COMPARTE

También podría interesarle

Se fue con Pateco

6/3/2026 | Gabriel Paizy (Primera Hora, Puerto Rico) Hablar de la muerte nunca ha sido …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *