10/4/2026 | Gabriel Paizy (Primera Hora, Puerto Rico)
Hay momentos en que el lenguaje deja de ser un instrumento de comunicación y se convierte en un acto de poder. Eso fue lo que vimos esta semana.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no habló como un hombre de Estado. Habló como quien apunta un arma… pero con palabras. En dos mensajes publicados en Truth Social, recurrió a un lenguaje soez, violento y profundamente intimidatorio para presionar a Irán en medio de la crisis por el estrecho de Ormuz.
Primero, el Domingo de Pascua: insultos y vulgaridades para exigir acción. Luego, el martes: una amenaza escalofriante: “toda una civilización morirá esta noche”.
No es solo un exceso de palabras; es algo más grave: un lenguaje imperialista, inmoral y peligrosamente cercano a lo criminal. Porque cuando un líder mundial plantea la posibilidad de aniquilar a una civilización entera, no está negociando: está normalizando la idea del exterminio como herramienta política.
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