20/3/2026 | Orlando Alba (Acento, República Dominicana)
Entre las formas pronominales del español, tienen especial interés las de objeto directo e indirecto (me, te, le, la, lo, las, los, nos, se…), llamadas clíticos. Al carecer de acento, se pronuncian apoyadas o pegadas al verbo al que acompañan.
Los pronombres, igual que los nombres (sustantivos) a los que sustituyen, desempeñan diferentes funciones sintácticas en la oración: sujeto, objeto directo, objeto indirecto, circunstancial, agente. Sin embargo, a diferencia de los sustantivos, los pronombres varían de forma dependiendo de la función que desempeñen. Por ejemplo, si el pronombre de primera persona singular es sujeto, aparece bajo la forma ‘yo’: ‘Yo quiero a mi mamá’. Pero si ese pronombre es objeto, no se dice *‘Mi mamá quiere a yo’, sino ‘Mi mamá me quiere’. Cuando ‘yo’ debe actuar como circunstancial de compañía, adopta la forma ‘conmigo’, y si va precedido de preposición (a, ante, con, de, en, entre, para, por, sin, sobre…) se presenta con la forma tónica ‘mí’: a mí, de mí, para mí, por mí, sin mí. Variaciones similares ocurren con los demás pronombres: tú, él, ella, nosotros, ellos.
Tales cambios de forma según la función sintáctica recuerdan las declinaciones propias del latín, donde las palabras de naturaleza nominal (sustantivos, adjetivos, pronombres…) tenían una terminación distinta de acuerdo con el caso: nominativo → dominus (el señor); genitivo → domini (del señor); dativo → domino (al señor o para el señor); acusativo → dominum (al señor); vocativo → domine (¡señor!); ablativo → domino (con, sin, por, en… el señor).
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