17/4/2026 | Piedad Villavicencio Bellolio (El Universo, Ecuador)
La palabra azafata se usó antes de que existieran los aviones. Su empleo comenzó en los palacios del siglo XV. En esos tiempos, las azafatas eran las damas de honor que atendían a la reina. Su nombre proviene del azafate, un canastillo de mimbre o una charola que servía para llevar las joyas, vestidos y perfumes necesarios para el arreglo de la soberana.
La documentación de este vocablo es muy antigua: ya en 1617 consta el término azafate en el «Diccionario etimológico» del lingüista John Minsheu. Posteriormente, en 1726, la voz azafata ingresó al diccionario académico.
Sin embargo, recién en el siglo XX, con el surgimiento de la aeronáutica y los vuelos comerciales, la palabra se rescató para referirse a las asistentes de cabina. Se eligió precisamente por su significado original, que transmitía valores de ‘lealtad, servicio, atención y cuidado’, lo que otorgó un matiz de distinción y confianza a esta nueva profesión.
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