1/5/2026 | Piedad Villavicencio Bellolio (El Universo, Ecuador)
Los vocablos género y sexo están relacionados, pero no deben funcionar con sentido equivalente: el género es inherente a las palabras, constituye un rasgo gramatical (pera tiene género femenino; tomate, masculino); el sexo es una particularidad biológica (distingue entre hombre y mujer: «Asistieron dos personas de sexo masculino y una del femenino»).
La confusión surge cuando —sin análisis o reflexión— se traslada el término género al ámbito de la biología. Aunque la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española validan el uso de género para referirse a cuestiones socioculturales —“identidad de género” o “violencia de género”—, insisten en que no debe sustituir a la palabra sexo cuando la intención es diferenciar fisiológicamente a los seres vivos. Por ello, debemos ser cuidadosos: si hablamos de la naturaleza de los individuos, lo correcto es emplear “sexo femenino” o “sexo masculino” y no atribuir rasgos gramaticales a realidades estrictamente biológicas.
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