12/6/2026 | Gabriel Paizy (Primera Hora, Puerto Rico)
Hay discusiones que parecen pequeñas… hasta que uno se da cuenta de que no lo son. La de “solo” y “sólo” es una de ellas.
Durante años, muchos aprendimos una regla aparentemente sencilla: “sólo”, con tilde, cuando equivale a “solamente”; “solo”, sin tilde, cuando significa “en soledad”. Fácil, elegante y, sobre todo, tranquilizadora. Nos daba la sensación de que el idioma estaba bajo control.
Pero llegó el 2010, y la Real Academia Española decidió cambiar el juego. O, más bien, simplificarlo. Su recomendación fue clara: no hace falta ponerle tilde a “solo” en ningún caso. ¿La razón? Que tanto el adjetivo como el adverbio son palabras tónicas; es decir, no cumplen con la condición técnica que justifica la tilde diacrítica.
Dicho así, suena convincente. Pero también suena… más complicado de lo necesario.
Porque el hablante común no piensa en “condiciones prosódicas” cuando escribe un mensaje, un correo o una columna. Piensa en algo más práctico: que lo entiendan. Y ahí es donde entra el conflicto.
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