La RAE, una gran tortuga laboriosa

25/08/2016 | Manu de Ordoñana (El Diario Vasco, España)

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, Dislate significa “disparate” y Arcaísmo, “elemento lingüístico cuya forma o significado, o ambos a la vez, resultan anticuados en relación con un momento determinado”. De dislates, arcaísmos y torpes definiciones está el DRAE lleno, en opinión del escritor mejicano Juan Domingo Argüelles. Si sus más de 600 académicos (contando las veintidós corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española) se dedicaran a revisar el diccionario, que en su edición compacta tiene 2349 páginas, no tocaría a más de cuatro páginas por académico. No parece ardua esta tarea si tenemos en cuenta el lema que acuñaron allá por 1715: limpiar, fijar y dar esplendor.

Hagamos un poco de historia. La Real Academia Española, RAE, fundada en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, marqués de Villena, tuvo como precedente y modelo a la Academia Francesa, fundada por el cardenal Richelieu en 1635. El objetivo, desde sus inicios, fue la elaboración del diccionario “más copioso que pudiera hacerse” de la lengua castellana. Ese propósito se hizo realidad con la publicación del Diccionario de Autoridades, editado en seis volúmenes, entre 1726 y 1739.

Después, con la redacción de sus actuales estatutos, se reafirmaron en aquel propósito y lo ampliaron, de forma que en su primer artículo se pusieron como objetivo “velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”. Esos cambios y esas necesidades se dan hoy en día con más rapidez que en otros tiempos. Y es esta dinámica la que ha marcado el comportamiento de los académicos con respecto a su trabajo: antes registraban palabras de forma torpe y perezosa y hoy en día, sin embargo, impaciente y poco cuidadosa. El objetivo se ha cumplido: ya tienen el diccionario más copioso que pueda darse aunque, en nuestra opinión, menos riguroso que el que debieran exigirse.

La Asociación de Academias de la Lengua Española ―ASALE―, antes mencionada, se creó en 1951, bajo el auspicio de la RAE. En ella participan las veintitrés academias de España, América, Filipinas y Guinea Ecuatorial, con el fin de “trabajar asiduamente en la defensa, la unidad y la integridad del idioma común…”. Esta loable iniciativa de compartir la responsabilidad de la unidad lingüística de la lengua castellana ha sido bastante criticada en América Latina por no ser más que “una entidad ficticia, que funciona bajo la batuta de su artífice y rectora”.

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