17/4/2026 | Gabriel Paizy (Primera Hora, Puerto Rico)
En Puerto Rico, basta con un leve empuje de los labios para señalar una dirección. No hace falta decir “mira para allá” ni señalar con el dedo: los labios hablan. Ese gesto tan nuestro que hacemos con la bemba puede confundir a cualquiera que no haya crecido aquí. Pero para nosotros es natural, casi automático. Es parte de ese lenguaje invisible que utilizamos todos los días sin darnos cuenta. Porque aunque no lo pensemos, vivimos rodeados de mensajes que no se dicen con palabras.
El lenguaje no verbal es, en muchos casos, más poderoso que el verbal. Una mirada puede afirmar lo que una frase intenta ocultar. Un silencio puede ser más elocuente que un discurso entero. Y un gesto bien hecho puede sustituir una oración completa.
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